No existen en el diccionario palabras que expresen la magnitud y la rotundidad de la belleza de Elizabeth Taylor. Guapa, hermosa, sublime... Son palabras que pierden relumbre colocadas junto al nombre de Elizabeth Taylor. Ella era... Ella era Elizabeth Taylor, y no hace falta añadir nada más. Es como nombrar a Ava Gadner. O a Marilyn Monroe. O a Rita Hayworth. Ellas eran ellas y sus propios nombres son las únicas palabras capaces de expresar la magnitud de su belleza.
Elizabeth era guapa a rabiar y tenía ese carácter impulsivo, apasionado, caprichoso y excesivo que tienen las auténticas estrellas de Hollywood. Ya no quedan estrellas como Elizabeth Taylor. Estrellas capaces de haberse casado cuatro veces antes de cumplir los 30 años, capaces de destrozar habitaciones de hotel en discusiones apasionadas sin llegar a perder la dignidad. Capaces de sufrir, gozar, amar, odiar y gastar dinero como sólo las estrellas, las diosas del celuloide, sabían hacer hace más de 40 años.
Brilló como nunca en La Gata sobre el tejado de zinc, El árbol de la vida, Gigante, Una mujer marcada, Cleopatra y ¿Quién teme a Virginia Wolf?, donde derrocha oficio, tablas, talento y saber hacer. También me gustan mucho por distintos motivos Mujercitas, Ivanhoe, El padre de la novia y De repente el último verano.
Durante el rodaje de Cleopatra conoció a Richard Burton y perdió la cabeza por él. Sin dudarlo un segundo, dejó plantado a Eddie Fisher, el marido que había robado a Debbie Reynolds, y se largó para siempre con Burton. Los María Jiménez y Pepe Sancho americanos (salvando las distancias, of course), entraron en una espiral de bronca, reconciliación, bronca, reconciliación que les llevó al matrimonio dos veces y otras dos más al divorcio. El amor y la furia. La pasión, el tormento. Seguro que lo primero que hizo al llegar al cielo fue discutir apasionadamente con Richard Burton. Tirarse jarrones, destrozar cortinas, rasgar cuadros millonarios y justo después enredarse juntos en un baile de besos y abrazos.
E-li-za-beth. La de la melena azabache, los ojos violeta, el cuerpo exuberante y la nariz respingona. La verdad, era tan guapa que cuesta creer que fuese inglesa. En cualquier caso, tengo la sensación de que la Taylor fue una mujer que amó como nunca la riqueza y las joyas (esmeraldas, diamantes, rubíes, tiaras y la perla más famosa de la Historia), los grandes lujos y su propia belleza pero que en realidad era perfectamente capaz de vivir sin todo ello. Muchas veces subastó sus joyas para recaudar dinero para la lucha contra el SIDA u otras causas, y ella nunca se avergonzó ni se escondió del ojo público cuando comenzó a envejecer, a tener problemas de sobrepeso o a tener que acudir a actos públicos en silla de ruedas. No como Greta Garbo, que se recluyó para siempre en cuanto empezaron a asomar las primeras arrugas; o como Sisi, escondida siempre en su madurez tras un abanico enorme. Ella nunca se avergonzó de sí misma y aceptó las circunstancias de la vida según vinieron.
Me encanta también su faceta de Mariliendres del Hollywood de la época, amiga y confesora de los homosexuales más famosos de su era James Dean, Montgomery Clift, Tennesse Williams, Rock Hudson... a los que siempre fue leal y a los que nunca juzgó en un tiempo en el que la orientación sexual sólo podía ser de un tipo.
Esta foto preciosa de James Dean y Liz Taylor en el rodaje de Gigante es del magnífico blog The Selvedge Yard
En fin, una estrella de los pies a la cabeza, una actriz como la copa de un pino, una amiga fiel como pocas, una madre estupenda y una esposa entregada. Una mujer que supo vivir la vida como sólo la vida se merece que la vivan. A ella dedico esta receta de cupcakes al aroma de lavanda con glaseado violeta, como su ojos violetas. Elizabeth Taylor, 27 de febrero de 1932, Londres-23 de marzo de 2011, Los Angeles.
Cupcakes violetas al aroma de lavanda
Ingredientes para 12:
- 80gr de azúcar
- Media cucharilla de flores de lavanda
- 120 gr de mantequilla a temperatura ambiente
- 2 huevos a temperatura ambiente.
- 180gr de harina
- 2 cucharillas de levadura química
- 2 cucharadas de leche
A la hora de cocinar. Se enciende el horno a 180º. En un bol se bate el azúcar con la mantequilla. Se añaden los huevos de uno en uno, no añadiendo el siguiente hasta que el primero esté bien incorporado. Por último, se añade la leche con las semillas de lavanda (si queréis, podéis colarlas, pero yo las dejé y quedaban preciosas diseminadas por la masa).
Aparte, se tamiza la harina con la levadura química y se va incorporando a la mezcla líquida poco a poco. Repartimos la masa en los moldes de silicona o metal y metemos al horno unos 20 minutos.
Glaseado violeta. Se bate una clara de huevo con unos 80 gr de azúcar glas hasta tener una mezcla brillante y espesa parecida al merengue. Se añaden unas gotas de colorante (yo puse dos gotas de colorante morado y una gotita de azul, de un colorante que compré en EEUU este verano), se vuelve a batir bien y listo. Cuando las cupcakes están frías, se decoran con la glase y unas ramitas chiquitas de lavanda.
De verdad que son una delicia, con un aroma sutil a campo en verano maravilloso. ¡Probadlas!






Una descripción fantástica, era una gran diva de las que ya no quedan como bien dices.....
ResponderSuprimirY con esta receta creo que le haces un gran homenaje.
Una pregunta, donde compraste las flores de lavanda????
Muchisismos besos
Muy bien escrito, eh? Aunque la Taylor nunca fuera una de mis estrellas favoritas.
ResponderSuprimirRosaleda, la flores de lavanda las cojo en el jardín de mis suegros, tienen muchas lavandas y cuando florecen en verano siempre me llevo unas cuantas y las seco. Tengo florecillas repartidas por los cajones, para que huela bien la ropa, y un botecito chiquito para cocinar cosas ricas.
ResponderSuprimirOhh que homenaje tan chulo has hecho!! me ha gustado mucho tu entrada, las fotos que has puesto y tu receta!! un besito
ResponderSuprimirQué pasada, has hecho una descripción magnífica y un homenaje a la altura de esta gran diva. Que descanse en paz!
ResponderSuprimirBesos
Sandra
Qué post tan tierno, y qué cupcakes tan apetecibles. Si algún día me lanzo, te lo haré saber.
ResponderSuprimirBravo ! Bravo !
ResponderSuprimirNo podía faltar esta entrada, para una buena amante del cine. Me ha encantado, ya van quedando pocos grandes o mejor dicho tan grandes. Pero nunca mejor dicho son estrellas que no se apagan, estarán ahi gracias a sus películas.
ResponderSuprimirPor cierto me encantan los muffins y la foto con el mantelito, te ha quedado muy chula y la edición tambien. Bss
Se ven estupendas.
ResponderSuprimirMe gusta la idea de la lavanda.
Besos
Begoña, no dejes de hacer los financiers, te van a encantar.
ResponderSuprimirGracias por lo de las fotos!! Se me han subido los colores.
Besos
Ana, qué edición?? A mí las fotos me salen así, con ese colorcillo... jejeje ;-)
ResponderSuprimirUn post fantástico. Sin palabras. Felicidades.
ResponderSuprimirMónica-Recetasdemon
Que bonita entrada te ha quedado y esos cupcakes de lavanda son tan elegantes que me chiflan!!!!!!! besos guapa
ResponderSuprimirTe ha quedado precioso el post ¡es que eres la caña!
ResponderSuprimirNo era una de mis actrices favoritas, pero la verdad que guapa a reventar. Me ha gustado mucho tu entrada y los cupcakes estupendos. Bss.
ResponderSuprimir¡Gracias!, he disfrutado leyéndote. Yo admiraba a esa actriz y me ha emocionado tu homenaje. Las madalenas te han salido mejor que las mejores, qué miga tan apetecible!.
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